
El martes 6 de febrero, y tras citarme el viernes a última hora una aburridísima secretaría de Medio ambiente, me reuní con el Delegado Provincial de Medio Ambiente, asistió tambien el Sr. Juan Carlos Nevado, creo que Director del espacio natural de Punta Entinas-Sabinal, no apareció el Sr. Pérez, coordinador de los agentes forestales, me citaron una semana después de ocurrir los hechos, a las 13:30, sin preguntar si me venía bien la hora ni nada; el delegado llegó 15 minutos tarde, durante la reunión sufrimos tres interrupciones una de un funcionario que le consultó algo, una más cuando entró el Sr. Nevado, que llegó aún más tarde y la tercera en la que el delegado se ausentó durante cinco minutos, y se disculpó por problemas de gestión, (a mí me pareció simple grosería) en resumen la reunión fue así:
El Sr. Luque, me dijo que tambien a él de pequeño, alquien le había robado un perrito, o tal vez dos, por el procedimiento de parar un coche y subirlo en él. Y que tambien su madre había recogido una pobre perrita que como era muy fea la llamaban Betty, en definitiva que él era muy amante de los animales y que habían cometido un error y lo sentían mucho. Pero que tambien Golfo iba suelto y no atado, les contesté que yo vivía allí pues soy el farero y que cómo iba a llevar todo un día el perro atado, (pues vaya vida).
Preguntados el porqué no perseguían el abandono de perros, que a mi juicio era el peor delito, me pusieron cara rara y no me contestaron.
Preguntado el porqué no ponían carteles anunciando las medidas que tomaban para que pudieramos discutirlo o al menos salvar a nuestros perros, me dijeron que no.
Le expresé muestro malestar con la manera de proceder que habían tenido.
Me dijeron que “ lo sienten mucho” pero que van a seguir con sus prácticas (de dudosa moralidad y legalidad según nuestra opinión) ya que ellos tienen un tremendo problema con los perros abandonados; ( Algo que, por otra parte no ve nadie más que ellos, ya que jamás atacan y normalmente huyen, en concreto mi esposa Esther entre la carrera de la mañana, los paseos de mediodía y por la noche, hace una media de 15 ó 16 kms. todos los días por el paraje natural unos 200 días al año, o sea 3000 kms año durante 10 años, no creo que nadie en el mundo conozca tanto este lugar como ella, y jamás la han, no atacado, ni tan siquiera amedrentado en lo más mínimo. Esos perros decepcionados, extraviados, sencillamente huyen atemorizados). Les dije, que sí, que sí, que ya lo sabía, pero que por otra parte Golfo no dejaba que se acercara ninguno por aquí, pues como todos los perros era muy territorial.
Creo que fue en ese momento en el que el Delegado se ausentó, momento que aprovechó el Sr. Nevado para decirme que “yo tambien era un poco tonto” pues si sabía que estaban exterminando a los perros cómo no había puesto el mío a buen recaudo (se ve que me vió cara de adivino) cuando le dije que cómo iba yo a saber eso, si ellos no me lo decían, el insistió por dos veces en que yo lo sabía. (Alucinante).
Que un error de vez en cuando es “asumible” (no por nosotros que estamos deshechos) y que ellos están dispuesto a hacerlo como parte rutinaria de su gestión.
Que esto está pasando tambien en otros espacios de esta provincia.
Que si denuncio yo sabré, que ellos están acostumbrados a las críticas a su gestión y que su cobertura legal es total.
Me ofrecen un cachorro para Esther, lo rechazo, (no necesitamos de ellos para tener perro, nos basta con que no los maten). Me ofrecen que ayude a redactar un tríptico para informar a la gente de las normas y las maravillas del paraje natural, lo rechazo, no quiero ayudarles en su gestión para nada.
Me despido “ha sido un disgusto tener que conocerles” (yo me refería a que, si no los hubiera conocido significaría que Golfo estaba vivo) el Delegado me dice que a él si que le hubiera gustado conocerme en otras circunstancias, y mientras se despedía aprovechó para obsequiarme por mi visita (debe ser práctica habitual) con un librito sobre caracoles autóctonos y un tubito con varios poster, (aún más increible).
En ningún momento parecieron comprender que la vida de Esther había corrido peligro, yo tampoco se lo mencioné, lo único que a esas alturas quería, era salir de allí cuanto antes.
Salí de allí convencido de que no sólo no me habían pedido dispulpas de una forma civilizada, sino que habían aprovechado la ocasión para faltarme un poco más al respeto e insultarme.
Jamás aceptaremos ni Esther ni yo, disculpas ofrecidas con tanta torpeza y grosería. Aún esperamos a estas alturas, un mes después de los hechos, que la Consejería de Medio Ambiente, desde luego no el Sr. Luque que ya ha tenido su oportunidad, ofrezca unas disculpas aceptables.
A pesar de ser tan dramático para nosotros, no puedo dejar de darme cuenta de lo siguiente: ¿a que parece un esperpento, un sainete o un vodebil de los que escriben nuestros clásicos?, lo dicho parece de D. Ramón Gómez de la Serna.
España...